Soja: con déficit hídrico obligarán a ajustar el manejo

Se pronostica un verano seco y los insectos en soja como oruga bolillera, arañuelas y trips, generarán mayor presión sobre cultivos con estrés hídrico. Recomendaciones de manejo.

18/11/2020 | Insectos

La campaña gruesa 2020/21 está dando sus primeros pasos, y la preocupación es que el déficit hídrico se prolongue y acentúe durante el verano, ya que se pronostica el accionar de La Niña, acentuando la presencia de insectos en soja.

“En años con menos lluvias y temperaturas más altas que lo normal, hay mayor presión de insectos en soja, y las plantas estresadas hídricamente son más vulnerables por ataques de plagas, y los productos para controlarlas se comportan de una manera distinta”, resumió el ingeniero agrónomo Daniel Igarzábal, director de Halcón Monitoreos.

En ese sentido, informó que la soja estresada es más vulnerable al ataque de plagas por dos circunstancias. “La primera es que se desarrolla más lentamente. Entonces por ejemplo, mientras en situaciones normales si un insecto come las hojas V2, la planta se defiende emitiendo rápido la hoja V3, y con cultivos estresados esto no ocurre”, explicó Igarzábal.

“El segundo factor es que la planta cambia su fisiología y composición interna. Al tener las raíces poca agua para alimentar todos los procesos fisiológicos, el sistema vascular que traslada el líquido vital y moviliza los nutrientes, funciona muy lentamente”, agregó.

Por lo tanto, el especialista, destacó que “la planta produce menos energía de la que necesita para formar órganos como flores y granos, y reutiliza lo poco que logró formar, favoreciendo la alimentación, desarrollo y reproducción de plagas como trips y arañuelas, entre otras”.

Diferente comportamiento de ataque de oruga bolillera, trips y arañuelas

Asimismo, Igarzábal dijo que el lento crecimiento de los cultivos hace que muchos insectos en soja se comporten diferente a cuando atacan plantas con un desarrollo normal. “La oruga bolillera en plantas con hidratación, óptima está más expuesta a predadores y a controles químicos, debido a que los folíolos permanecen abiertos”, ejemplificó.

“En cambio, un cultivo estresado permanece mucho tiempo con los folíolos cerrados y eso hace que las larvas que están adentro se sientan protegidas y fabriquen hilos de seda para mantenerlos cerrados”, apuntó.

A esto, el especialista indicó que se suma que el invierno sin lluvias provocó que crezca la cantidad de pupas que se transforman en polillas, y que luego ponen huevos, de los que nacen las larvas que afectan al cultivo.

“Los trips y las arañuelas, por la modificación inducida por el estrés hídrico, disponen de un alimento ideal para que sus poblaciones crezcan y se desarrollen mucho mejor que en situaciones de cultivos sin estrés”, explicó.

“Así las poblaciones son efectivamente mayores y las dificultades para controlarlas se potencian”, apuntó.Tratamiento químico: los productos también funcionan distinto

En definitiva, Igarzábal advirtió que el problema en este contexto, es que, al comportarse distinto, tanto las plantas como las poblaciones de insectos en soja, los productos tampoco funcionan de la misma manera que en años normales.

“Las orugas escondidas dentro de los folíolos cerrados hacen que sea imposible el control por contacto, y solo se logre frenarlas por ingestión, cuando consumen hojas que recibieron el accionar del insecticida”, ejemplificó.

Asimismo, el director de Halcón Monitoreos, manifestó que, si en un año de lluvias normales hay en promedio 10 orugas por metro, y se hace un tratamiento con una eficiencia del 80%, luego de la aplicación quedarán solo dos por metro.

“Pero en situaciones de alta población, si hay 50 orugas por metro, la misma aplicación y eficiencia dejará 10 orugas vivas, la misma cantidad con la que se hacen tratamientos en situaciones normales”, advirtió. “Y ahí está claro que el problema no es la efectividad del producto”, remarcó.

Por eso, desde su punto de vista, Igarzabal consideró que bajo estas condiciones de estrés hídrico no solo hay que ajustar la toma de decisiones en cuanto al “umbral” o momento de acción (tres bolilleras por metro en años normales, una cada dos metros en la presente campaña), sino que hay que ser más finos en la elección y la dosis de los productos a usar.

Fuente: ABC Rural

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